Monos

Cuando el mono te clava la mirada
estremece pensar si no seremos
su espejito irrisorio y sus bufones.

José Emilio Pacheco

NA NI INDIO

NA NI INDIO

viernes 11 de diciembre de 2009

Análisis de la columna Asalto a la razón

por Nizarindani Fuentes

En la columna El asalto a la razón del cinco de noviembre, Carlos Marín establece de manera sarcástica el cuestionamiento al alcalde Mauricio Fernández acerca de su implicación en la ejecución del presunto mafioso conocido como “El Negro”.
Columna breve, desarrollada en cinco párrafos con tres ideas principales en las que establece: El hecho, la explicación del mismo y la opinión de Carlos Marín.

Al sarcasmo se le puede entender como modalizadores del lenguaje, entendiendo como modalizador a la forma en cómo el autor dice lo que dice, la manera en que lo trasmite y como lo destaca. En este caso, Marín utiliza a lo largo de su columna expresiones como: Según, “le chismearon”, dizque, “amaneció”, “procurador”, balconeo, traía “cola”, “escala obligada”, entre otras.

Primero se rescataran las palabras entrecomilladas. Lo primero que hay que resolver es el contexto en las que están envueltas:

Expresiones como “le chismearon”, contextualizada por la expresión Según, de manera no implícita, deja ver a Mauricio Fernández como mentiroso, ya que las comillas denotan cierta duda. Chisme es tan sólo una expresión que no deja ver el origen de la fuente de información y que a su vez no provoca responsabilidad de lo dicho en un argumento que lleva como contexto el chisme.

En el segundo párrafo hace uso inicial de la palabra "dizque" a manera de sarcasmo ante la pretensión de atribuir la fuente de la información obtenida del declarante, sin embargo, más adelante, casi para terminar el párrafo, entre paréntesis, Marín coloca la palabra “procurador” entrecomillado. Por lo regular las comillas en un discurso de tipo político dejan ver cierta duda, inclusive burla de lo que se dice en el texto, colocar la palabra “procurador” de esta manera, no dejará de ser intencionalmente colocada para la posición que asume el columnista para con el trabajo y desempeño de dicho representante en el cargo.

Tercer párrafo, se encuentra el contexto del caso, en él encontraremos dos palabras que destacan por estar escritas a manera cursiva, las palabras son: antes y desconocidos. Analizaremos de nuevo el contexto en el que se desarrollan estas palabras.

El hecho de que éstas (las palabras) aparezcan en cursiva, denotan un énfasis en la lectura e interpretación del texto.

La palabra antes hace referencia a uno de los detalles más importantes por los cuales se llego a la conclusión del desarrollo del tema de los asesinatos, porque señala que: “antes de las 12 del día, el alcalde balconeó lo que sabía…” cuando la información oficial se dio a conocer más tarde. En la frase antes mencionada, se encuentra el modalizador: balconeó, destacando que es una palabra burda, que no requiere de mucha complicación para su entendimiento, hace referencia a poner en evidencia algo que dijo, que lo involucra.

Ahora bien, la segunda palabra cursiva encontrada en el texto es: desconocidos. Si está quedando en claro que Mauricio Fernández, a través de su declaración ha dejado ver la implicación que tiene en el caso, la frase “los cuerpos de cuatro desconocidos”, con la palabra entrecomillada, hace la función de generar un énfasis sarcástico, dicho en otras palabras, se trata como el columnista transmite lo que sabe.

Cuarto párrafo: “escala obligada” en San Luis Potosí… la información que Marín maneja en dicho párrafo, está elaborada para un lector modelo, informado al que le hace referencia de dicho conocimiento, haciéndole saber que sabe lo que sabe. Cuando hace uso de la expresión entrecomillada “escala obligada” es en donde sabe el columnista que se han detenido en San Luis.

Para finalizar, todo el quinto párrafo está lleno de modalizadores, primero: traía “cola”, entendido como que los estaban siguiendo, segundo: traía “cola” de una célula nuevoleonesa…, célula entendida como unidad estructural, lo que refiere a un cuerpo organizado quienes sabían de la ruta.

El columnista pregunta: ¿el grupo de limpieza…? Limpieza refiere a la cosa que no tiene suciedad, al acto de limpiar como exterminio, acabar con lo que está sucio. Es en esa pregunta en dónde Marín hace el mayor cuestionamiento, se enfrenta a la pregunta ¿de qué se trata? o ¿de qué se va a tratar? con el desempeño del presidente municipal, pregunta en la que alerta la gravedad del asunto y la manera y juicio con el que serán tomados los aspectos que al presidente municipal le parezcan necesarios de una limpieza.

jueves 10 de diciembre de 2009

Acerca del discurso de Felipe Calderón sobre la extinción de Luz y Fuerza del Centro



por Nizarindani Fuentes


El discurso presentado por el presidente de México Felipe Calderón Hinojosa escrito por Alejandro Mancilla, el domingo 11 de Octubre de 2009, interrumpió en cadena nacional por radio y televisión a las 22:00hrs, aun espectador despejado y animado debido al ambiente nacional que se vivía por el resultado de la selección nacional mexicana de futbol, sorprendiendo a la población con la noticia de la extinción del organismo Luz y Fuerza del Centro.


Con una extensión de poco mas de 10 minutos para radio y televisión, en 30 párrafos breves y concretos en cuanto a ideas se refiere, dan paso a la explicación de cada uno de los argumentos planteados en el discurso dividido en cuatro principales conceptos: planteamiento, justificación , medidas resolutivas tomadas por el ejecutivo y conclusiones.

A lo largo del documento, se pueden encontrar indicadores de la intencionalidad que tiene para con el espectador el discurso, indicadores a los que podemos llamarles modalizadores, entendiéndolos como las diferentes formas que se utilizan para emitir un mensaje y darle la intención que el emisor quiere que reciba su receptor.

Modalizadores de enunciación, los cuales hacen referencia al cómo está dicho lo que se dice, son en su mayoría constantes en la primera y segunda parte que hemos colocado como el fragmento del planteamiento y justificación, al hacer uso de expresiones poco formales como: “lo peor de todo”, “manteniendo”, “pidiéndole permiso”, “de plano”, entro otras que serán señaladas más adelante.

Modalizadores del enunciado, los cuales hacen referencia al como transmite el mensaje, podemos encontrarlos en la segunda y tercera parte con expresiones como: “los mexicanos teníamos que darles”, “están haciendo un gran esfuerzo”, “por costosas y difíciles que sean las decisiones”, entre otras.

En el modalizador del mensaje que se ocupa de las cosas que destaca el emisor, que en este caso se puede hacer desde la expresión corporal por medio de la televisión, así como el énfasis de la voz en radio y la redacción del texto, encontraremos expresiones que remiten al movimiento de negativa o desaprobación con la cabeza en televisión, engrosamiento de la voz al hacer referencias negativas plasmadas en el texto, como: costosas y difíciles, pobreza, injusto, corrupción, ineficiencias, etcétera.

CONTEXTO GENERAL DEL DISCURSO

El contexto actual de la política mexicana, a tres años de iniciada la administración federal en el que la imagen de Felipe Calderón ha disminuido en popularidad, según algunas encuestas de periódicos reconocidos como Reforma, el discurso del presidente, ante el anuncio a la nación de la extinción de Luz y Fuerza del Centro, se ve cargado de modalizadores que pretenden generar empatía de intereses y justificación de acciones, disfrazado de rendición de cuentas a la ciudadanía, poniendo un escenario decadente, trágico y negativo, colocando al ejecutivo como “salvador- empático” que pone en prioridad a la pobreza, salud, educación y seguridad pública.

PRIMERA PARTE

Se ha separado como primera parte, lo referente al planteamiento y parte de la justificación el cual se desarrolla a lo largo de los 7 primeros párrafos.

Primero se analizará el contexto del discurso, el cual inicia hablando de transformación y prosperidad, de cambio y corrección de problemas a enfrentar, por muy costoso o difícil que eso implique al ejecutivo, para llevar a México a una mejoría.

Entendiéndolo como un enunciado positivo por la secuencia de palabras iniciando con transformación que hace referencia a la conversión de una cosa por otra mediante un proceso determinado, habla de un bien estar implícito al mencionar la prosperidad o un desarrollo favorable, lo que le da paso al cambio y corrección de problemas para llevar a cabo la acción referente. Ahora bien, lo destacable del enunciado es el siguiente planteamiento: “…por muy costosas y difíciles que sean las decisiones que permitan resolverlos…”, y llama la atención por lo siguiente:

Funciona como la justificación y modalizador único de la razón del discurso: La extinción de Luz y Fuerza del Centro, seguida del respaldo constitucional señalando que dicho organismo resulta inconveniente a la economía nacional, dando paso a la explicación de dicha justificación.

Haciendo referencia a modalizadores del tipo enunciación, se debe tomar en cuenta al tipo de receptor a quien va dirigido el discurso: espectador o radioescucha, con lo que el emisor hace uso de un lenguaje coloquial que llega a caer en expresiones poco formales.

En el párrafo cuarto, encontramos modalizadores del tipo del enunciado ya que el discurso coloca al organismo en una situación financiera insostenible. De primera instancia hace uso de la palabra “impuestos”, tema polémico, contextualizándolo en un fragmento que hace referencia a que los mexicanos “teníamos…”, término lo que lo coloca e incluye como víctima junto con la ciudadanía, “…que darle millones de pesos a L y F, además de las tarifas a los usuarios”.

Se resalta la palabra víctima en cursiva debido a la interpretación y sentido que se le da a la palabra impuesto, entendiendo a este como la cantidad de dinero que están obligados a pagar los habitantes de un país para contribuir a los gastos públicos, teniendo interpretaciones, por parte de la población, del tipo injusto y abusivo.

Para el quinto párrafo hace comparativa del dinero que se destina a la pobreza y la educación con los gastos que generaba L y F, dando paso a un sexto párrafo, que entra con la expresión: “Lo peor de todo”, regresando al modalizador de enunciación. Es en esa pequeña expresiones en donde se denota lo que señalábamos en un principio al comenzar a generar un escenario negativo-catastrófico, que ayudará a emitir de manera constante y repetitiva el sustento de la razón del discurso.

Contextualicemos, en un solo párrafo hace uso de las siguientes palabras en el mismo orden señalado: Lo peor de todo, manteniendo, subir, desproporcionadamente, impuestos, injusto, momentos difíciles en lo económico y esfuerzo.

Entendiendo las expresiones en la forma como se transmite el mensaje, la secuencia de las palabras, pone en evidencia la intencionalidad del discurso y hacia dónde apunta; por lo pronto se continuará señalando la manera enfática de la intención del discurso.

Utilizar la expresión “lo peor de todo” denota cierto hartazgo en la emisión que da lugar a las palabras como manteniendo, que mantener hace referencia al sustento de un necesidad económica; al mencionar a la empresa como insostenible refiere a la misma como ser un mantenido, lo cual significa vivir a expensas de otro, dándole paso y significación a las siguientes palabras ya mencionadas como la generación de impuestos, que como ya se señalaba tiene la connotación negativa de lo injusto, lo cual en consecuencia traerá momentos difíciles, etcétera.

Para el séptimo párrafo enfatiza el escenario trágico, inicia con expresiones como: “Desafortunadamente…no se podía destinar a mejorar la calidad del servicio…iban a pagar privilegios y prestaciones onerosas…”. Párrafo que concluye con la primer parte que cumple con el planteamiento y contexto en que el discurso coloca la razón del mismo, dando paso a la segunda parte de la justificación.

SEGUNDA PARTE

Se ha clasificado como segunda parte a partir del párrafo 8 hasta el 17 debido a las siguientes razones:

Se ha señalado la partición de la segunda parte en el párrafo 8 debido a la forma en que el discurso coloca no sólo a la empresa que ya se ha mencionado como insostenible económicamente, si no al perfil de los trabajadores del organismo y al sindicalismo en México.

En el párrafo 8 se hace mención al Contrato Colectivo del Trabajo y a la representación sindical; como es de saberse, éste contrato es el que se celebra entre el sindicato y el patrón, o viceversa, con el propósito de regular las relaciones de trabajo, en el sentido de favorecer a las necesidades de las partes.
El Artículo 386 de la Ley Federal del Trabajo lo define como:

“Convenio celebrado entre uno o varios sindicatos de trabajadores y uno o varios patrones, o uno o varios sindicatos de patrones, con objeto de establecer las condiciones según las cuales debe prestarse el trabajo en una o más empresas o establecimientos”.

Bajo dicho contrato, en México se pueden encontrar trabajadores pertenecientes a organismos gubernamentales como el IMSS, Pemex, la CFE, entre otras.

El contrato colectivo de trabajo puede regular todos los aspectos de la relación laboral (salarios, jornada, descansos, vacaciones, licencias, condiciones de trabajo, capacitación profesional, régimen de despidos, definición de las categorías profesionales), así como determinar reglas para la relación entre los sindicatos y los empleadores (representantes en los lugares de trabajo,
información y consulta, cartelera sindical, licencias y permisos para los dirigentes sindicales, etc.).
El contrato colectivo de trabajo está precedido y es resultado de una actividad de negociación colectiva entre las partes.

Ahora bien, una vez definido lo que se constituye un Contrato Colectivo de Trabajo, en los párrafos 9 y 10 del discurso, podemos encontrar modalizadores que colocan a los trabajadores sindicalizados como rateros, corruptos, ineficientes y abusivos.

Abusivos debido al empleo de términos como el crecimiento desproporcionado de trabajadores debido al Contrato Colectivo, cuando como trabajador entras sindicalizado, generando con ello condiciones que hicieron inviable financieramente al organismo afectando la calidad y cobertura del servicio que prestaba el organismo, según el emisor. 2

No señala de manera directa a los trabajadores como se ha mencionado, pero sí de manera implícita, porque pone de ejemplo la situación en que se encontraba Luz y Fuerza del Centro con problemas de robo, fallas técnicas, corrupción e ineficiencias, cuando quienes resultarían responsables de ello son los trabajadores, no el organismo en sí.

El discurso es reiterativo en cuanto las afectaciones económicas que generaba el organismo, el uso de palabras como: “bajo desempeño” y “muchas deficiencias”, que encontraremos en los párrafos 11 y 12. Continúa contextualizando el escenario negativo que implicaba la manutención de L y F hace mención de las empresas, sin aclarar cuales, ni cuándo, ni si realmente fue el único motivo, pudiendo haber muchos otros como la inseguridad, decidieron instalarse en otros lugares del país, utilizando la expresión poco formal “…o de plano en otros países…” refiriéndose al servicio eléctrico culpándolo de manera implícita del desempleo de miles de personas en la ciudad de México.

Cuando se habla en un principio de un gobierno “salvador-empático” se hace referencia a la parte del discurso, que inicia en el párrafo 13 en donde comienza a modalizar el lenguaje empleado para dar paso a la explicación del proceso que determinó la decisión de la extinción de Luz y Fuerza.

Inicia con expresiones: “…ésta muy difícil decisión…” y “…sin embargo…esos esfuerzos no dieron resultado…”. Son oraciones que colocan de manera implícita al ejecutivo en una posición de buenas intenciones que no tuvieron resultado y tuvieron que tomar una decisión, dar paso a una nueva etapa y finalizar con los conceptos que ayudaron a sustentar dicha decisión.

Para cerrar esta segunda parte del discurso, se ha seleccionado los párrafos 14, 15 y 16 en lo que en resumen señalan el énfasis de la no privatización del sector, pero no por condescendencia al servicio, sino porque no hay nada por encima de la constitución, la cual señala que el servicio debe estar a cargo del Estado; a sabiendas de que este gobierno se ha caracterizado por la crítica generalizada de la población por un modelo neoliberal en el que se le dan intenciones de privatización a las empresas y un señalamiento directo a Andrés Manuel López Obrador, evitando que circule esta información más adelante, como opositora.

Para el párrafo 17, el discurso cierra las ideas con conceptos de modernización, eficacia, más empresas, más empleos, utilizando la expresión “que tanto necesitamos los mexicanos”, con lo que deja implícito una supuesta empatía con los intereses de la población, aun cuando está generando una liquidación masivo de más de 44 mil trabajadores del organismo.

TERCERA PARTE

A esta clasificación pertenecen los párrafos 18 al número 25 del discurso. Todos ellos seleccionados debido a que son la parte en que el discurso se dirige directamente a los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro.

El lenguaje que utiliza es completamente formal y preciso, la única parte que cuenta con cierta empatía es el inicio del párrafo 18 al mencionar: “Sé que hay una preocupación en los hogares de los trabajadores…”. En realidad, la serie de párrafos consecuentes, sólo hacen referencia a los estatutos que el Estado debe seguir al ofrecer las liquidaciones pertinentes a aquellos quienes la reciban voluntariamente, aclara la situación de los ya pensionados, señalando un bono adicional.

Es hasta el inicio del párrafo 23 en donde el discurso hace mención de “instrucciones” para las diferentes secretarías como la de Economía y del Trabajo para asesoría, apoyo, y bolsa de trabajo entre otras opciones a las que todo ciudadano tiene opción.

Cabe rescatar que el discurso en esta parte, deja ver el poder ejercido, de manera implícita señala que no hay vuelta atrás, muestra las alternativas que el Estado les ofrece y que es mejor que renuncien y acepten la posición en la que se encuentran los ahora ex trabajadores de L y F.

CUARTA PARTE

Es la última parte del discurso, la cual se encuentra ubicada desde el párrafo 26 hasta el número 30. De manera general, el discurso cierra las ideas y conceptos generados en un principio, cuando hablábamos de un escenario catastrófico y negativo, para plantar su justificación.

Citaré el siguiente párrafo:

“Ante la crisis internacional, es momento de unir esfuerzos con una meta común: la recuperación económica del país.”

Se supone esa era la intención primordial desde el principio de la administración de Felipe Calderón, habla de que es realmente el momento, a la mitad de su sexenio de unirnos a una meta, deja ver entonces que no pudo desde un principio.

Párrafo 27, utiliza las siguientes palabras, en el orden señalado: esfuerzo, obligado, eficiente, recursos, corregir, gastos excesivos, estamos haciendo.

Enunciado, que por la secuencia de palabras se determinará positivo. Un esfuerzo, implica ayudar para que dé resultado lo que se hace, antes de utilizar la palabra obligado, habla del Gobierno Federal, lo que se traduce como obligación del mismo quien de manera implícita conduce a acciones de eficiencia, corrección y trabajo.

Para el párrafo 28 y 29, los enunciados continúan siendo positivos, hace empleo de conceptos como la pobreza y desnutrición, salud y educación así como de infraestructura y seguridad, los contextualiza en un “ambiente” de destino, relata buenas intenciones.

El discurso en general, pretende sonar a la constante demanda por parte de la población y poderes de oposición al hacer uso de esos conceptos y su destino al acabar con el organismo como parte de una demostración que pretende ser una rendición de cuentas para la población, hablado de resultados concretos y de mano dura.

Para el último párrafo, coloca y cierra la decisión tomada como “la única alternativa” que encaminó al Gobierno y encaminará a llevar a cabo “cambios profundos…para superar la crisis….convertirse en un México prospero, justo y fuerte…”.

Ahora el discurso cierra con la palabra justo, ante el planteamiento de lo injusto, fuerte ante la toma de decisiones como hacer despidos masivos en medio de una crisis económica internacional, justifican las palabras al párrafo primero al referir “por muy costosas y difíciles que sean las desiciones”.

2 El discurso de Calderón dice: “Debido al contrato colectivo (…)casi todas las decisiones tenían que tomarse pidiéndole permiso a la representación sindical” y “el número de trabajadores seguía creciendo desproporcionadamente, no porque lo necesitara el servicio eléctrico, sino porque así lo exigía el Contrato Colectivo”. En el fondo Calderón tiene razón, porque de hecho así estaba establecido el contrato. En todo caso también es culpa del gobierno que lo avaló.

lunes 16 de noviembre de 2009

Iquitqui moni kan Lolita (Yo me llamo Lolita)

Una joven que trabaja haciendo la limpieza.
Siempre barriendo, trapeando y sacudiendo,
entre trapos y ropa sucia
se da la oportunidad de reír y cantar.
por Óscar Hernández
Un pañuelo arremolinado que Lolita aprieta nerviosamente, mismo que hacía un instante le recogía el cabello, ahora lo frota y aprisiona sobre el sillón. “Pero es que yo no sé qué es una entrevista, yo no sé nada”, me dice Lolita con temor. Me regala una sonrisa y ríe al tiempo me mira con timidez para volver a posar su mirada en el pañuelo.

En contraste, tras preguntarle de dónde viene, se asegura de hablar con claridad y mirándome fijamente a los ojos me responde: “Pues… ya sabes dónde ¿no? de Veracruz”. ¿Y cómo se llama tu pueblo?, le pregunto. Filomeno Mata.

Ha estado lavando el patio. Entre la humedad que le quedó de un trapo y sus nervios característicos cada vez que alguien quiere hablar con ella, se seca las manos en su falda frotándoselas sobre sus piernas.

Para un citadino, como el de la capital, la palabra Veracruz lo remonta al mar, pero Lolita no conoce el mar. Su pueblo se encuentra incrustado en la sierra y goza de un clima similar al del Distrito Federal salvo en diciembre cuando, asegura, hace mucho frío.

No sabe con certeza, pero Lolita cree que hace ya más de diez años vino a la capital. Al preguntarle su edad, mira alguna parte del techo y titubea antes de responder. Dice que tiene veinticuatro años, aunque tampoco lo sabe con certeza.

En Filomeno Mata ha dejado a sus padres y a sus cuatro hermanos. Fue una madrina suya quien las trajo a ella y a dos amigas a trabajar, compañeras con quienes aún vive y comparte gastos en una casa en lo alto del cerro de la colonia Estanzuela. Últimamente ha tenido ganas de cambiarse de casa, no se ha sentido a gusto y quisiera irse de allí con una amiga. Pero a pesar de ser una casa a la que si bien cuesta trabajo subir, es envidiable por su vista: una gran parte de la Villa de Guadalupe.

-¿Te gusta más tu pueblo?
-Antes sí pero ahorita ya no me gusta. Porque cuando llegué aquí no me gustaba, me gustaba más allá, pero ahorita ya no.

“No me gustaba nada de aquí… pero ahora ya cambié”, me dice Lolita segura de sí. Deja de verse temerosa, ha dejado el pañuelo y ahora juega con un pez de plástico que no supe de dónde sacó.

-Qué lugares te gusta visitar cuando tienes tiempo en tu día de descanso?
-Me gusta ir al cine, me gusta ir a La Feria de Chapultepec, los carros chocones, los animales de Chapultepec y de todo, todo eso.

Ha mordido el pez con el que jugaba y de éste brotó un chisguete de agua que me moja en la cara. Los dos reímos y entrando más en confianza le pregunto sobre su niñez. “Es que no jugaba yo porque no me dejaban jugar”, me comenta.

-¿Trabajabas desde muy pequeña?
-No muy chiquita, pero me mandaban a acarrear el agua. Como trabajaba en el campo mi papá, me llevaba el agua y todo eso y le llevaba su lonche a mi papá.

A veces sí jugaba, pero me regañaban”, ríe Lolita recordando que le gustaba jugar con la tierra a hacer masa para tortillas con el agua. Ahora su mirada parece dirigirse hacia adentro, recuerda a las primas con quienes jugaba y lamenta haber perdido de vista algunos amigos que se quedaron en su pueblo.

Filomeno mata es un pueblo totonaca. Según Lolita las tradiciones de Día de Muertos y Navidad son parecidas a las de la ciudad. Allá cuentan con el ritual de los voladores de Papantla, pueblo que también conoce.

Le pregunto sobre la comida de su pueblo y me comenta: “Es que casi no es lo mismo que aquí que allá. Porque aquí es bien dicho que hay dinero, entonces se come de todo. Allá si hay pollo pues pollo, si hay sopa pues sopa, si hay mole pues mole”. De aquí su platillo favorito son los tacos.

Saliendo de la Central del Norte rumbo a Poza Rica, pasando por Coyuca y de allí a su pueblo, Lolita visita a su familia aproximadamente cada tres meses. Ahora lo hace un poco más seguido ya que tiene que arreglar un problema en el que le quieren quitar una propiedad que le pertenece a sus padres.

Cuando Lolita lava le gusta escuchar música y a veces, cuando cree que nadie la escucha, canta. Si encuentra un radio o estéreo en la casa en donde trabaja, pone sus discos. La música que sea, aunque de preferencia Selena, Los Temerarios, Los Acosta y el Buki, de quienes se sabe algunas canciones.

Le pregunto quién estaba cantando, si su prima o ella en casa de una tía, y la joven totonaca suelta en risa. Su sonrisa me hace recordar a las figurillas sonrientes totonacas. Niega saber quién estaba cantando, aunque entre risas acepta gustarle cantar sellando el importunio de mi pregunta con un “inche Óscar”.

En el lapso en que Lolita ha vivido en la ciudad ha conocido poca gente. La ocasión de encontrar algún enamorado aún no ha llegado, ya que a diferencia de sus primas ella se considera tímida y habla poco con los muchachos que se encuentra los domingos, su día de descanso.


Duele reconocerlo, pero es de extrañarse el que a diez años de vivir en la capital solamente la hayan asaltado en dos ocasiones, una en la calle y otra en el microbús. Platica que un perro que vive por su casa la mordió en una ocasión y que por eso no le gustan los perros, “me chocan”, me dice.

Además de salir a pasear, Lolita pasa su tiempo libre entre la música, bromas telefónicas y las telenovelas. Un deseo fantástico parece iluminar su rostro y con voz seria me dice que le gustaría quedarse a vivir en la ciudad. “Nada más para trabajar y todo eso. Y tener mi casa, pero pues no, nunca lo voy a hacer. Uy, si yo hubiera ahorrado antes ya habría tenido mi casa, pero he tenido que pagar renta”, Lolita reflexiona y entristece un poco al ver su casa como un sueño y no poderla conocer en palabras visibles y palpables.

También me gustaría estudiar. Aprender a leer y a escribir más bonito. Sé leer un poquito, la joven me platica y confiesa que le gusta más el español que el totonaco. Entonces me animo a preguntarle que si yo le enseño a leer y a escribir ella me podría enseñar totonaco. La sonrisa le regresa al rostro y ambos nos ilusionamos. Ella me enseña a decir algunas frases que necesitaría saber al llegar a Filomeno Mata y ahora, por lo pronto gracias a esta joven totonaca, sé decir: la gati an Lolita (eres bonita Lolita) e iquitqui moni kan Óscar (yo me llamo Óscar).

viernes 30 de octubre de 2009

El silencio dice: voy a trabajar. Y calla.

Entrevistado en su estudio de grabación, Oswaldo D’ León, guitarrista de la banda de rock La Castañeda, una banda que sin duda se convertirá en uno de los cásicos del rock Mexicano, platica sobre sus inicios en la música.
por Óscar Hernández

Sobre Anillo Periférico en dirección al Norte, a la altura del Campo Militar no. 1, el microbús cruza los puentes que salen de Lomas de Sotelo y no me he percatado de que el gran domo ya no está más. Detenemos el bus y, continuando sobre la banqueta, la luna nos regala una sonrisa amarilla que se asoma sobre el horizonte de una calle ascendente.

Estamos en el lugar y Oswaldo nos arroja las llaves de su apartamento para que subamos. Ya nos aguardaba y tras abrir la puerta me mira rápidamente, sabe a lo que vengo. Descanso en una sala, sobre una pared están los siete discos de La Castañeda enmarcados. En otro muro, un cuadro de mediano formato. Se trata de un rostro rodeado por un fondo asfixiante de formas orgánicas; esas imágenes las conozco, es un delirio ácido, esquizofrenia gráfica.

Ahora Oswaldo está reunido con Lalo y Jéssica, jóvenes que han fundado su banda de rock Salvaje Sonrisa, y junto con el productor afinan los detalles del arte de su primer disco.

“Entonces tu eres el que va a hacer la entrevista”, me pregunta Oswaldo y me levanto del sillón de la sala al tiempo que me extiende la mano derecha para saludarlo. Me invita a pasar a una cabina de grabación y de inmediato el ambiente es más íntimo. El espacio está iluminado por una pequeña lámpara de colores naranja, blanco y azul, y tomamos asiento junto a una gran consola de grabación.

Me apresuro a sacar la grabadora, sé que no dispongo de mucho tiempo. Le digo que me interesa saber más sobre Oswaldo D’ León que de Oz de La Casta. Parece que le agrada la idea y esa seriedad que transmitía en un principio va desapareciendo de la mano de anécdotas y recuerdos.

“Soy oriundo de Sotelo, aquí por el Toreo de Cuatro Caminos, que por cierto, la última vez que pasé por ahí ya no existe, está totalmente derruido. Ese era el punto, un símbolo para todos los que llegamos hace más de cuarenta años a vivir ahí”, Oswaldo reflexiona creyendo importante el hecho de que ya no esté más el gran domo.

Le pregunto sobre su infancia, sus juegos, y me describe un poco cómo era este rumbo periférico del Distrito Federal. Dice que Lomas de Sotelo estaba rodeado por llanos y rancherías. A lo lejos se vislumbraba Ciudad Satélite a la cual se llegaba tomando un tramo de autopista que ahora es Anillo Periférico.

“Eran otros tiempos”, comenta. Cuenta que en ese entonces él junto con un grupo numeroso de amigos vecinos de la unidad habitacional, podían salir a jugar a los llanos y calles, quedarse allí hasta altas horas de la noche y tomar agua de las llaves de la calle. Recuerda que por ahí pasaba el Río San Joaquín, que ahora es el Circuito interior Río San Joaquín.

Juegos como bote pateado, hoyos quemados, tocho, beisbol, futbol, todos los deportes ocupaban las tardes de este grupo de niños y niñas, ya que no había distinción entre sexos.

Cuando Oswaldo tendría entre cuatro o cinco años surgió su curiosidad por la música. A veces veía a un grupo en el que tocaba un tío y se metía al estudio a acariciar las guitarras y demás instrumentos. “Se me hacía entrar a un mundo al cual yo pertenecía, yo decía, este es mi rollo”, recuerda con gusto y su mirada cada vez se concentra más, me mira, pero siento que trata de regresar esas imágenes a su mente.

Ante la dificultad que presentaba conseguir un instrumento musical en aquel tiempo y el ferviente deseo de tener uno, expresado en cada petición de regalo a los Reyes Magos, Oswaldo juntaba a sus hermanos en las reuniones de los grandes para jugar a tener una banda musical con instrumentos improvisados. Cantaban con utensilios de cocina y botes. Él organizaba a sus hermanos y amigos ya desde esos inicios tan tempranos para tener sus bandas, siempre con nombres diferentes.

En este momento de la charla Oswaldo ha logrado recuperar esas imágenes de la infancia y yo empiezo a ilustrar su relato en mi mente. Habla de cómo tenía decorado su cuarto y me imagino que era como entrar en un santuario del rock: las paredes tapizadas con posters de personajes como John Lennon, Jimi Hendrix o Bruce Lee, entre otros que lo llenaban de curiosidad.

Otra fuente básica en la carrera de Oswaldo fue escuchar mucha música. Tuvo una madre que se casó a los diecisiete años y en tanto que joven le gustaba escuchar a The Beatles. Su padre, al ser panameño, le gustaba más escuchar música cubana, panameña, discos de Benny Moré, Celia Cruz o la Sonora Matancera. De tal modo que aparte de ser tan rico el ambiente musical en casa, siempre había un disco sonando en el tocadiscos, desde que amanecía hasta el anochecer.

“Yo estaba destinado a la música, no me veía haciendo otra cosa”, platica que estuvo buscando organizar una banda con los amigos de la escuela y reconoce el aspecto lúdico y empírico de estos inicios.

Siendo de una familia de clase media sin ningún respaldo o seguridad económica, Oswaldo trabaja tras la muerte de su padre cuando el guitarrista tenía dieciocho años. Pero esto no lo desvió de su camino destinado hacia la música. Sus dos hermanas y Omar, su hermano, siempre contaron con el apoyo de sus padres en dejarlos hacer lo que ellos quisieran ser. De modo que sus hermanas estudiaron ballet clásico, mientras que Omar es el tecladista de La Castañeda.

Fue una tía yucateca que vivía en la colonia quien le enseñó por primera vez a tocar la guitarra. Con la influencia de la trova que se toca en Mérida, Oswaldo aprendió tocando algunas pisadas que se utilizan en dicho género. “Las clases de música realmente duran muy poco, lo que tienes que hacer después de la clase es que te tienes que encerrar en tu cuarto, con la guitarra a practicar para que salga bien. Y no sale bien hasta después de muchos años y horas de práctica, porque los instrumentos así son. Son como los deportes, tienes que entrenar diario, tener condición y técnica.”

Su primer encuentro con una guitarra eléctrica se dio gracias a un amigo que tenía un bajo y un amplificador: “Cuando hizo ¡pam! y sonó el amplificador dije, este es mi rollo, ya llegué”. A partir de ese evento empezó a sacar canciones de los Rolling Stones, Led Zeppelin y Rod Stewart, entre muchos otros músicos. Al tiempo, juntaba dinero para salir a conseguir discos que, al comprarlos por las portadas, a veces eran muy buenos o muy malos.

“Yo cuando quiero escuchar música pongo a Pink Floyd, a Zeppelin o a Bowie o a Génesis o a Hendrix o a los Beatles o a los Stones. Es que los escuchamos ahora y es como escuchar a Beethoven o a Bach, o sea, ya son clásicos. Ahí fue la matriz del rock, de ahí se deriva todo lo que escuchamos ahorita y todo lo que vamos a escuchar durante muchísimos años.”

Oswaldo practicó algún tiempo la pintura, la misma tía que le enseñó a tocar la guitarra le daba clases de pintura antes de las sesiones de música. Sin embargo reconoce que de entre las artes se debe elegir una y dedicarse fuerte en ella. Estuvo metido en las dos únicas escuelas de música que había en ese tiempo: la Escuela Nacional de Música y el Conservatorio Nacional de Música. Pero terminó por salirse de ambas escuelas ante el llamado interior de querer hacer una carrera como la de aquellos personajes de los posters en su cuarto. Una búsqueda personal de libertad creativa y musical.

Muchos años antes de que La Casta surgiera en 1994, su guitarrista tocó folcklore. Llegó a escuchar mucho a poetas latinoamericanos como Silvio Rodríguez o Pablo Milanés y estuvo muy metido en la trova. Las peñas, la misma música de protesta que hoy se escucha, fueron muy tocadas en su guitarra. Todo esto configuró una de las claves técnicas e ideológicas que permitieron generar su aportación musical dentro de la banda.

Quizá una necesidad natural de muchos músicos sea la diversificación. Actualmente Oswaldo se encuentra más ocupado en la producción de discos. Después de cerca de quince años ha logrado montar su propio estudio de grabación. Al decir esto, hace énfasis en la importancia del conocimiento de todos los aparatos que debe tener un productor. “Ahora el que tiene una computadora cree que ya puede hacer un disco, pero no es cierto, no es así, puede jugar a hacer un disco...”

“La inspiración tiene que llegar trabajando”. Cuando se trata de algo serio como producir o hacer música profesionalmente, las musas son de poca utilidad si llegan mientras uno está jugando, interpreto a Oswaldo. Hoy su actividad principal es la producción, pero no ha abandonado la otra parte, hacer su propia música. En 2004 sacó su primer disco como solista y en 2009 el segundo.

Como productor le gusta escuchar nuevas bandas, colaborar en enseñarles a los jóvenes el cómo se hace un disco ya que eso, asegura, no se enseña en la escuela.

Todo aquel que haya visto en vivo o en video alguna presentación de La Castañeda ha presenciado una mezcla de rock, performance, y teatro en el escenario. Oswaldo, como los demás integrantes de la banda, tiene la idea de que la música puede expandirse en el escenario. De que mediante la música se le puede dar vida a personajes que actúen en las canciones. Estos personajes son extraídos de pláticas entre la banda y son, a mi entender, variaciones de su alter ego. Se dice que la locura nos permite acceder a terrenos negados para los cuerdos, y estos monstruos no son mas que el reflejo nuestro que vive del otro lado del espejo.

La Castañeda no es egoísta, siempre ha ofrecido cosas diferentes y Oswaldo nos ha ofrecido una plática diferente. Felicidades a La Casta por su XX aniversario, celebrado este 2009 con sus seguidores.

domingo 25 de octubre de 2009

La historia de Himiko y Tadahiko

por Óscar Hernández

Hacía varios días que la lluvia no cesaba en Kasumigaseki. Su constante repiquetear hizo sonar una melodía otoñal con los canales de los tejados, una colección de latas oxidadas olvidada en una barda y con un plato de peltre que Himiko dejó a los gatos lactantes. Pero a Himiko Takasawa no le importaba en lo más mínimo esta necedad del clima convertida en capricho. Al contrario, le había servido para confundir sus lágrimas con las gotas de lluvia que contemplaba resbalar en la ventana de su cuarto. Había descubierto que podía sentirse mejor, después de sentarse a tomar una taza con té verde frente a la puerta corrediza de su cocina; mirando a mamá tender la ropa, escuchando su canto mezclado embriagantemente con el aroma de la tierra recién mojada.

En la villa se habló con mucha tristeza la partida de Kuroki-San. Pero el cariño y respeto que le tuvieron se había convertido en amargura, cada vez que Himiko salía de su casa y le preguntaban qué había sido de su madre. Fue entonces cuando la señora Kuroki comenzó a presentarse en los recuerdos irrevocables de su hija; el temor que sintió la primera vez que la dejó ir sola a la ciudad y veía a mamá despedirla con la mano mientras el tren avanzaba, su risita prolongada cuando se comía de un bocado las bolas de arroz que le compraba en el mercadito Lawson, su largo cabello lacio serpenteando al aire cuando volaban cometas frente al río Kamo.

Tadahiko se abrió paso entrando por una estrecha cerca de madera. Tuvo que esquivar algunos charcos formados en los huecos de las losas de aquel pasillo que conduce al patio de Himiko; en el que ella se sentaba por horas, con una cara petrificada como muñeca de porcelana, a observar el tendedero del cual ya sólo colgaban algunas pinzas. Después de lo de la señora Takasawa, el joven nunca supo cómo calmar el corazón de su querida amiga a la que el vacío se asomaba en sus oscuros ojos.

-Te manda saludos Onuma-Sensei -con voz muy baja, Tadahiko se dirigió a su amiga-. Todos están esperando que regreses a la escuela -desde su silla, Himiko sólo movió ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento.

Después de un breve silencio, agregó: Les dije que te estás tomando tu tiempo, que estás dibujando mucho, como nunca. Que tus dibujos son preciosos. Himiko… no te dejes abatir, a diferencia de tu mamá, tienes el arte.

La pequeña Takasawa alzó la mirada. De pronto, un brillo aperlado brotó de sus ojos y su rostro se iluminó con discreta sonrisa. Teniendo frente a él a la pequeña de pie, Tadahiko le entregó el platillo que todos los días su mamá le enviaba.

Para el vecino de la pequeña Takasawa, como la llamaba Tadahiko, la casa estaba construida de recuerdos. Recargada sobre la pared, una bicicleta morada con una canasta, un pequeño faro y un viejo rehilete de plástico sobre el manubrio que había dejado de girar sus colores al viento, ahora decolorado, torcido por la lluvia y el sol de un par de años. Todavía tenía presente el día en que le regaló esa varita mágica. Tadahiko le aseguró que lo único que tenía que hacer para tener una sonrisa era salir a toda velocidad sobre Tami, su bicicleta morada, con dirección hacia los llanos del río Kamo, y mirar cómo los colores de su rehilete bailaban enloquecidos con el viento.

Al día siguiente, el amistoso vecino sólo encontró la ennegrecida silla de madera en que Himiko se sentaba diariamente. Tocó varias veces el sucio ventanal de la puerta corrediza, gritó su nombre hacia la ventana de la cocina y tocó la puerta principal, pero no logró obtener ninguna respuesta. Decidió no molestarla más y se marchó dejándole un paquete con bolas de arroz sobre la silla. Esa noche, el joven durmió pensando en lo lejanas que le habían parecido las luces en sus ojos –como las retiradas luces de un apartado pueblo en el crepúsculo.

Tadahiko regresó a la siguiente tarde con la ilusión de ver a su amiga, pero lo que encontró lo dejó perplejo: un pequeño dibujo a tinta china en lugar de la comida que había dejado. Se trataba de una niña sosteniendo con una cuerda un caballito. Comprendió que el dibujo era para él, sin más, dejó un nuevo paquete con comida y se marchó.

Al cabo de un mes, Tadahiko Ikegaki reunió una serie de dibujos. Juntos, conformaban una secuencia que narraba cómo la pequeña niña se comía por partes al caballito. Conforme hacía esto, ella se convertía en mitad niña, mitad caballo, para terminar siendo finalmente un caballo. Cada vez tenían más elementos los dibujos. Alrededor del caballo creció un jardín que la dibujante detallaba preciosamente. Había árboles con formas irregulares, lagos con peces dorados asomándose entre los abundantes lirios acuáticos, grupos de cerezos rodeados por riachuelos y senderos de rocas de río. También aparecieron animales: garzas escondiéndose entre los bambúes soportándose sobre una pata, ranas sostenidas en las hojas de los arces, arañas de cola gorda cazando mosquitos con su red atada sobre las ramas de un pino. Pero el caballo, según una leyenda que escribió Himiko en uno de los dibujos, no podía tener amigos porque se los podría comer.

Un día, el joven dejó un dibujo con un ave. Con la misma habilidad de Himiko, el majestuoso animal estaba dibujado con cientos de plumas de diferentes colores. La parte cercana al pico era blanca y conforme descendía hasta la cola, una larga cola como de quetzal, el plumaje iba desde la gama de amarillos, naranjas, rojos, morados, violetas, hasta los azules. No era cualquier ave, era un ave fénix acompañada de un recado que decía: Este será el amigo de tu caballo.

Tal vez por una irresistible necesidad de ver jugar al caballo con su colorido amigo, Himiko los dibujó juntos. Y tal vez también, por una necesidad de salir de la hoja, el caballito se comió al ave fénix. Tadahiko lo supo… cuando encontró el último dibujo de la honorable Himiko: un hermoso caballo con alas multicolores. Sobre un fondo pigmentado por los colores de las alas, el caballito resplandecía con luminosidad jamás conocida por las hojas de papel. Para Tadahiko, quizá fue el golpeteo de un inquieto racimo de palitos de bambú colgante del tejado, lo que le ayudó a encontrar sublime ese momento.

No conozco a los pequeños dibujantes, no sé de su existencia. Pero en las tardes lluviosas de octubre, cuando abro la ventana de mi cuarto, el aire baila los pendientes palitos de bambú y me acaricia regalándome una dulce canción que me recuerda la historia de Himiko y Tadahiko.

miércoles 4 de junio de 2008

La Iglesia de Tarahumara y la inculturación del Evangelio


por Víctor Hugo García

Se puede intentar comprender y formular, aprisionar en conceptos, lo que un pueblo diferente cree y expresa religiosamente. Desde una óptica pastoral, como la nuestra, esa sería una pretensión inútil en el fondo. Un pueblo con su cultura es una compleja cosmovisión, con sus valores, su sentir, usos; es como una persona: se le puede conocer sólo conviviendo y queriéndola, y nuestro conocimiento siempre quedará trunco, incompleto. No obstante, ese misterio que son las personas y las culturas no nos impide hablar de quienes queremos con más hondura que un frío estudio. Nadie puede negar la verdad de nuestra experiencia compartida, que brota en afectuoso testimonio.

A los rarámuri se les conoce como tarahumaras. Comentar algo sobre su religión y fe, es hablar de toda su vida, porque no distinguen entre algo en lo que Dios tiene que ver y lo que no le corresponde; así, sus autoridades, que actúan en nombre de Dios y con su autoridad; colaboran en todo con él para recuperar continuamente la armonía del pueblo y conservar su vida fraternal.

Su historia

Hace unos dos mil años se asentaron en este territorio los rarámuri, dejando las migraciones uto-aztecas que iban hacia el sur. No sospechaban que, a finales del siglo XVI, los bosques y minerales de su tierra serían causa de su despojo actual.

Los primeros españoles entraron buscando minas en territorio rarámuri en 1589. La invasión de la fuerza bruta sobre el derecho de los indígenas fue un hecho doloroso, pero real. Los misioneros Tomás Guadalajara y José Tardá (1675) dejaron una relación en la que anotan que los tarahumaras no consentían que ninguna nación se mezclara con ellos, que se rehusaban a formar pueblos y temían hacerse cristianos pensando que les impondrían, como ley de Dios, los trabajos en las minas. Luego de un primer enfrentamiento, los rarámuri optaron por una resistencia pacífica y de refugio en las montañas; no renunciaron a los valores que defendían y que conservan casi intactos hasta la fecha: formas de trabajo, economía, asentamiento disperso y su libertad religiosa y ritual.

Los invasores se quedaron con lo que querían: las minas, las mejores tierras y el dominio militar del territorio, pero renunciaron a someter a los indios en pueblos. Los misioneros lograron hacerse oír, levantar templos y reunir ahí al pueblo con un nuevo sistema de autoridades, organizar las fiestas cristianas, bautizar a los naturales, introducir ganadería y cultivos, aunque para ello debieron adaptarse, pues los rarámuri guardaron su independencia en lo que más les importaba: su libertad de dispersión. Aunque toleraron despojos, adoptaron lo que les fue útil y olvidaron la guerra de oposición a la invasión.

La vida rarámuri ya había cambiado a principios del siglo XVIII. Habían tomado elementos culturales como el nuevo sistema de autoridades en lo político, el pastoreo y nuevos cultivos en sus formas de producción, el bautismo, el templo y las fiestas cristianas en su religión. Esto muestra que las misiones habían madurado y que se habían creado lazos de afecto con los misioneros, quienes defendían a los indígenas ante los mineros que reclutaban por la fuerza a todo el que encontraban.

Podemos decir que ante la inevitable invasión española y misionera, los rarámuri aceptaron que irremediablemente tendrían que convivir con extraños y que eso exigía cambios y ofrecía la oportunidad de asumir elementos de la cultura invasora que les resultaban convenientes. Adoptaron así, en cierta libertad, a los misioneros y su fe por el sustrato de coincidencias y conveniencias que debieron existir. Así se explica que no hayan aceptado la totalidad de lo predicado, que hayan seleccionado lo que sí enriquecía su visión de Dios y del mundo, dejando a un lado lo que no les pareció significativo. Tal vez con un poco de amor y otro poco de temor, aceptaron al nuevo ministro religioso por sus ritos, porque hablaba y vivía extrañamente, pero con referencia a Dios, y eso era importante para un pueblo que todo lo vive religiosamente. Hubo una adopción selectiva, porque si hasta hoy los misioneros siguen siendo aliados aceptados y queridos, los chabochis (no indígenas) en cambio, siguen siendo adversarios, temidos, evitados, aunque en convivencia pacífica.

Cuando todo parecía llegar a un entendimiento progresivo, cuando los misioneros habían predicado su doctrina e instituido sus ritos y fiestas, cuando los rarámuri ya se veían como «pagótuame» (bautizados), vino la expulsión de los jesuitas de los dominios de España en 1767. Entonces los rarámuri quedaron libres para reinterpretar el cristianismo en formas y símbolos propios. Paradójicamente, el abandono gradual de las misiones, liberaría durante todo el siglo siguiente a los rarámuri-pagótuame de una forzada occidentalización de su vida y de su religión.

Su ser Iglesia

El pueblo cristiano de los rarámuri quedó en las manos de sus propias autoridades tradicionales: de las que parecen tener origen más prehispánico que de las asumidas por ellos en torno a las misiones del siglo XVII. Esto reforzó su sistema político, que llegó a una síntesis armónica de cargos y servicios a la comunidad. Autónomos, sin tutelas o interferencias de autoridades civiles o religiosas extrañas, libres casi de la invasión y los invasores, que andaban con guerras durante casi todo el siglo XIX, los rarámuri-pagótuame consolidaron su gobierno como servicio querido y ordenado por Dios, que da pastores que cuidan y congregan al pueblo, que juzgan paternalmente los delitos y reconcilien al que se desvía, que organizan las fiestas como sacramentos del ser pueblo rarámuri. Así se dió una «raramurización de lo cristiano» o se «cristianizó lo rarámuri».

También la austeridad pobre de la montaña consolidó su sistema económico de autoconsumo, los hizo más autosuficientes y les impuso la necesidad de reforzar su solidaridad y de compartir lo que tenían. Su estructura económica tiene gran cantidad de mecanismos niveladores que impiden que se acumule y presionan para que se redistribuyan los excedentes, muchos de ellos precisamente en torno a celebraciones rituales, y todos ellos como voluntad de Dios para la fraternidad que él quiere. El pastoreo y los cultivos adoptados llegaron a ser tan suyos que los conciben como algo que se remonta a los orígenes del pueblo rarámuri; así, Dios pasó a ser «pastor» y sus autoridades «pastorean» al pueblo. Pero lo que más se reforzó fue su sistema religioso en el que basan y legitiman las estructuras político-económicas. También los rarámuri-pagótuame se conciben cristianos desde los orígenes del mundo. Es curioso que parecen no recordar la etapa de evangelización y que no les preocupa por qué el ministro de su bautismo y de la misa sea un extranjero, mientras sí recuerdan que todas estas tierras fueron suyas, que fueron invadidas y robadas por españoles o chabochis, y conservan sin duda un antagonismo con ellos. Esto indica hasta qué punto se asimiló en una verdadera síntesis religiosa lo ancestral y lo misional, síntesis que modificó toda sus cultura, pero a su propia manera. Y esa forma de lograr unidad, prioridades, nuevos símbolos, armonía, y de olvidar, rechazar o modificar, escogiendo de entre lo nuevo y lo antiguo lo que mejor consolidaba al pueblo en los valores culturales de siempre, tuvo un siglo o más para dar forma al nuevo pueblo que les impuso la historia nueva, aceptando austeridad y pobreza para conservar su libertad y su fidelidad a los designios de Dios.

Su sociedad era otra de algún modo en todo y seguía siendo ella misma. Un pueblo nuevo que ahora se reunía en torno a un templo y fiestas nuevas. Seguían siendo rarámuri, pero ya eran pagótuame, eso caló tan hondo, que se olvidó el proceso, y la nueva identidad se remontó a los orígenes de los que toma su ser todo lo que es inmutable.

Los jesuitas regresaron a la Tarahumara en el año de 1900. Los rarámuri no habían perdido la continuidad de su proceso y sus opciones se habían reforzado. Los misioneros volvían sin la experiencia de los antiguos, que aprendieron a tolerar y respetar; volvieron cuando la historia europea había endurecido las posiciones etnocéntricas de la Iglesia, que había reforzado una defensiva seguridad en sí misma en la que todo parecía dogma y artículo de fe.

La repetición del choque cultural era inevitable. Entre la Iglesia raramurizada y la romanizada se había abierto un gran abismo. El rarámuri tenía ventaja por su memoria histórica traducida a símbolos, cíclica y confirmada por el tiempo; él no podía dudar de su ser religioso aunque los nuevos misioneros lo incomprendieran. Desgraciadamente los misioneros sí habían perdido la perspectiva histórica que les hubiera sido tan útil. Venían totalmente seguros de sus ritos, su teología y su moral, elementos que debían ser aceptados igual por toda cultura y por todo cristiano.

Así, las misiones vieron la necesidad prioritaria de «educar», europeizar, para que los indígenas fueran cristianos verdaderos y se cayó en los mismos errores de los colonizadores del siglo XVIII: formar «colonias», poblados de indígenas civilizados y catequizados, enseñarles oficios para que supieran trabajar a nuestra manera, reprobar sus ritos, muchos de ellos aprendidos por los primeros misioneros como la danza de matachines.

Hoy, la pastoral indígena va por otros caminos, por el acompañamiento pastoral, que pretende compartir lo cotidiano rarámuri, comprender y aprender ahí los caminos, los canales, los códigos de comunicación verdadera. El diálogo y el mutuo enriquecimiento se va incrementando, y en él hemos constatado que son tan cristianos que, paradójicamente, nos van evangelizando también.

Se han introducido servicios de evangelización, salud, comercialización, productos agropecuarios, etcétera. Cuando ellos los van pidiendo según sus necesidades, no cuando nos arrogamos el derecho a decidir sobre sus vidas e imponerles lo que nosotros creemos que es necesario en su medio. Hemos descubierto que es falso que no tengan un análisis de su realidad y que no hayan tomado opciones ante las situaciones permanentes o coyunturales. Han tenido una visión sabia de su situación histórica invadida; la prueba es que han resistido, que son y quieren ser ellos mismos, que tienen una pobre imagen de nuestra sociedad y no la envidian con razón. Queremos apoyar su proceso como pueblo diferente, respetar su cristianismo-rarámuri.

El aporte básico del cristianismo rarámuri es el de una fuerte cultura segura de sus valores vividos, sobre todo religiosos, que la incoherencia de los conquistadores, que estaban lejos de vivir lo que decían creer no logró confrontar. Cultura fuerte ciertamente, pues permitió que, en vez de llegar a dependencias o sincretismos enajenantes, lograran una síntesis cultural, que, pese al precio que han tenido que pagar en pobreza austera, despojo y autosubsistencia, les deja aún la conciencia de ser libres, de ser los verdaderos hombres de la Tierra, los hijos de Dios que sí buscan la fraternidad. Es una cultura con un fuerte sentido de la dignidad humana que no puede renunciar a su libertad y autonomía. Un fuerte sentido comunitario que, celebrado en ritos comunes, participativos, impregna toda su vida. Esta es su utopía de fraternidad que exige compartir, redistribuir y nivelar las diferencias; así es su sentido comunitario del trabajo como algo dignificante que se puede dar como ayuda a otros, pero no puede vender como mercancía, su sentido de autoridad como servicio y no como dominio. Los rarámuri tuvieron que reinterpretar continuamente los elementos ancestrales y los nuevos, pero en símbolos, y eso hizo posible el enriquecimiento de los contenidos de su fe y de sus expresiones religiosas sin pérdida de su identidad.

Entre sus muchos valores queremos destacar la fraternidad, que se expresa privilegiadamente al compartir los alimentos, la vida. El único pecado que hemos oído decir a los rarámuri que no tiene perdón, que se paga con la muerte (aunque no con condenación eterna) es el de no compartir, del acumular. Vivir «creyéndole y cumpliéndole» a Dios es hacer fiesta, donde se ofrecen a Dios los alimentos que se han de repartir entre todos, porque alimentar a Dios es alimentar a la comunidad; responderle a Dios es responder a la comunidad.

Para el rarámuri, la verdad o falsedad son hechos concretos, no palabras o conceptos, como para nosotros. La verdad es la vida de cada quien, y no sus ideas o intenciones; pero esa verdad de cada uno, su bondad, o se da en relaciones para beneficio de la comunidad o es sólo falsedad.

Su cristianismo

Por lo general, a los pueblos indígenas se les cuestiona, en la misma Iglesia católica de la que son parte, sobre su manera de vivir y celebrar su fe; lo mismo ha pasado con los rarámuri, hay quienes incluso los juzgan llenos de dudas sobre su cristianismo «autóctono» que rechazan.

En el fondo, se trata de una opción: el Evangelio se predica empezando por acompañar la vida del pueblo al que se pretende evangelizar. Entonces se descubre la presencia de Dios en la historia de ese pueblo, se descubre «el rostro indio de Dios» y gozosamente se comparte, se vive y celebra la fe, porque en respuesta a nuestras dudas provocadas, en parte por nuestra ignorancia de su lenguaje simbólico, está su vida auténtica, vida en vasos de barro frágiles, pero invadidos por el Dios de las Bienaventuranzas, del reino y del juicio final. ¿Quién ha comprendido íntegro el mensaje de Jesús?, ¿quién puede decir que tiene la manera más perfecta de recibir la Buena Nueva tan llena de misterios para cualquier ser humano?, ¿quién calificará a estos hombres y mujeres de inferiores religiosamente, como seguidores menores de Jesús tras la buena noticia del Reino? A fin de cuentas tanto los superamos en nuestra elaboración conceptual de la fe como ellos nos superan en su sistema simbólico e integral de vivir esa fe, tanto los superamos en abstracciones como ellos nos superan en lo concreto de la vida, tanto los superamos en tecnología como ellos nos superan en humanismo.

La Iglesia de Tarahumara vive en un mundo de contrastes, retos y cuestionamientos como los viven los mismos rarámuri. Se vive recibiendo de ellos y encontrando cada día más los caminos para comunicarse y dar lo que se tiene y se puede.

Nosotros, desde el acompañamiento cotidiano, desde los dolorosos contrastes entre su sociedad y la nuestra (tan materialista), desde su luminosa lección de lo que puede ser la vida fraternal y lo estéril que pueden ser las especulaciones, desde ahí, creemos que son cristianos, llenos de limitaciones diferentes a las nuestras, pero asistidos e iluminados en su búsqueda del reinado de Dios por el mismo Espíritu de su bautismo y el nuestro.

La narración de su vida puede iluminar a quienes tengan vivencias parecidas o a quienes se hayan interrogado en verdad sobre nuestra etnocéntrica cultura que cree comprenderlo todo, incluso a Dios. Que este testimonio sirva a aquellas iglesias de rostro indígena para que verdaderamente vivan un cristianismo inculturado.

En el internet y en San Judas


por Héctor Vivas

Como cada mes, los días 28 del calendario se juntan en la iglesia de San Hipólito los fervientes a San Judas Tadeo. Alrededor de 15 mil creyentes acuden con sus “juditas” para dar garcias y pedir favores al Santo, adornados con listones y vistiendo con imágenes religiosas en sus prendas.

Una de las tradiciones más acudidas por los asistentes, son las famosas cadenas de favores, parecidas a las que circulan por internet en donde te piden realizar alguna acción, darle esta misma información a una cantidad específica de personas con la finalidad de que éstas también lo distribuyan, y si no se siguen estos pasos, una fuerza divina te castigará con mala salud, sin amor y problemas económicos, según mencionan las dichas cadenas.

Éstas cadenas se realizan de diversas maneras durante este día. Una de ellas es por medio de paletas de caramelo que te dicen que el próximo día 28 te toca a tí dar 50 paletas y un regalo. Y si no lo haces existe la posibilidad de que tengas malos augurios en el amor, la salud y el dinero.

La otra forma, siendo más tradicional es por medio de una hoja que contiene las instrucciones de la cadena, junto con una moneda de diez centavos pegada en la carta. La moneda la debes depositar en las alcancías de dicha iglesia. Si no lo haces también tendrás mala suerte.

Las cadenas se han mostrado de muy diferentes formas y con finalidades distintas. Finalidades que van desde un estudio de mercadotecnia, hasta para aprovecharse de la ignorancia de la gente. No sólo las encontramos en internet, hasta en la religión se utilizan. Y el próximo 28, tendremos que cumplir las mandas que se nos encomendaron.

Emofobia I